por José Luis Coraggio Director de la maestrÃa en EconomÃa Social de la UNGS , en Foro Federal de Investigadores y Docentes , Buenos Aires . Ministerio de Desarrollo Social ( 2005).
Los últimos indicadores de la actividad macroeconómica muestran una recuperación de la economÃa registrada. Nada dicen de la otra economÃa, oculta para los ojos de estadÃsticos y expertos, nos referimos a los microemprendimientos, a las redes de ayuda mutua y a la recuperación de fabricas. Tampoco muestran signos de la economÃa informal y del trabajo voluntario. De esta forma el Estado solo registra la economÃa mercantil, organizada alrededor del trabajo dependiente, y la acumulación de dinero y en particular de divisas. Pero esa economÃa ocupa a la mayor parte de la población, sea consideradamente económicamente activa o no.
El cientificismo y el paradigma positivista proveyeron el esquema mental con el cual se modernizaron y abrieron muchas carreras universitarias en la argentina a partir de la década del 50. Las disputas entre ciencias duras, sociales y hermeneuticas, nos hicieron caer en la trampa del positivismo.
Siempre hubo un problema con la institucionalización del método analÃtico que, de por sÃ, no aseguraba un abordaje cabal del problema. Asà fue como surgieron megaproyectos de distinta Ãndole que no estudiaban suficientemente los distintos impactos y dimensiones de la situación.
De esa forma las universidades siguieron formando especialistas, que lejos de abocarse al estudio y posterior transformación de situaciones problemáticas , solo se abocaban a aspectos parciales de la realidad a través de una estructura cognitiva parcializada, asà surgieron carreras y/o especializaciones en por ej. Arquitectura, GeografÃa o Trabajo social, que solo buscaban su objeto distintivo de conocimiento.
Esto provoco entre otras cosas una falta de interdisciplina y cooperación interinstitucional , que ha puesto en marcha un proceso de desinstitucionalización de lo público , ampliando la brecha entre la institución y la realidad social a intervenir.
Hoy la problemática sigue entre los que se debaten entre la ineficacia y la conservación burocrática-corporativa, y tanto los agentes como los beneficiarios son frágiles y actúan bajo la amenaza del mercado y el poder polÃtico arbitrario.
Asà como la hiperinflación nos afecto a todos, la revolución tecnológica y del conocimiento, fragilizò la eficacia de las profesiones universitarias tradicionales, requiriendo de las universidades la necesaria e insoslayable necesidad de reinvertarse.
Las disciplinas positivistas recortan , fragmentan la realidad, la observan a través de variables, abstraen, modelizan y teorizan. Pero esto no es suficiente ni universalmente valido requiriéndose:
Ø Multidisciplina , coexistencia paralela de diversas disciplinas, afines o complementarias . Ø Interdisciplina, intercambio de saberes de cada materia . Ø Transdisciplina , cada especialidad debe introducirse en la subjetividad de otra disciplina.
Ahora nos preguntamos ¿ nuestros profesionales y nuestras polÃticas sociales están abordadas desde esta perspectiva?
La universidad debe delinear objetivos que contemplen el trabajo interdisciplinario e interisntitucional y la participación de los beneficiarios .
La universidad, puede y debe coadyuvar a la elaboración de planes sociales, que contemplen a todos los actores, no solo como objetos de beneficencia, sino básicamente como sujetos participantes del desarrollo local y el mejoramiento social.


