Diversidad y Educación

La escuela no es ajena a los problemas sociales por ello , los docentes deben abordarlos desde un paradigma que reconozca a priori la diversidad socio educativa .

La Diversidad socioeducativa:

por Hector Neri (#) y Marcelo Albornoz

Son tan complejos los sucesos acontecidos últimamente en los distintos establecimientos educativos que los abordaremos tratando de no caer en el reduccionismo, apelando para ello a la prudencia, virtud aristotélica que media entre los extremos por exceso y defecto, o sea entre la temeridad y la cobardía discursiva.

Un poco el sentido del título apunta a ello, la escuela, originariamente fue concebida como una institución social homogeinizadora, que en nuestro país fue particular por el proceso inmigratorio que protagonizó, en donde la formación en valores sociales e instrucción académica era unívoca e indiscutible, la escuela de esa forma se presentaba como un factor cohesionador cuyo mandato socioeducativo era uniforme.

Ella tenía un escenario estable y previsible con una cierta homogeneidad de actores y un relativo consenso sobre sus fines. Actualmente se han caído todos los modelos de escuelas siendo la misma atravesada por la irrupción de escenas que plantean nuevos dramas y requieren de tratamientos especiales, para lo cual demandarán por parte de los educadores desafíos de abordaje tanto profesionales como humanos.

No debemos olvidar que la escuela forma parte de la sociedad y en su escala se reproducen los problemas sociales; parafraseando al obispo Bergoglio ésta crítica situación torna a lo “excepcional como cotidiano”, es más, este paradigma es el de la Diversidad dentro del contexto de postmodernidad, ya Rousseau afirmaba que el progreso no ha mejorado al hombre, por el contrario le ha hecho perder su felicidad, estimulando sus aspectos negativos y en el marco de esas palabras escribió su obra: El Discurso sobre el Origen de la Desigualdad humana culpando al “progreso” y a su funcional “cultura” por aquel degeneramiento.

El mismo( el progreso) estaba caracterizado por la ambición, el amor por el lujo, la sed de ganancias y las luchas de egoísmos. ¿Sería desacertado considerar a esas opiniones como la antesala de lo que hoy discutimos y teorizamos al hablar de postmodernidad?

En este sentido, Marcuse consideró que la alienación en la sociedad actual no es solo económica, alcanzandose cierta autonomía humana, cuando conseguimos desmasificarnos del totalitarismo de la sociedad unidimensional, logrando con ello, cierta capacidad para comprender los hechos y evaluar alternativas.

Nos preguntamos :¿Sería osado pensar que las conductas patológicas, violentas y adictivas de “nuestros” alumnos son síntomas manifiestos del malestar social?, cuando decimos malestar social nos refirimos concretamente a la estructura sociocultural que estamos construyendo, en donde nuestros hijos y alumnos se encuentran con un panorama desolador, con horizontes difusos, con padres nerviosos, angustiados y desocupados o sobre empleados.

Estos chicos encuentran muy pocos espacios de contención y atención, encontrando refugio solo entre sus pares adolescentes, en los cibers o en las adicciones. Estas características culturales de nuestros chicos tampoco son inéditas, solo para citar una referencia recordemos las características de la denominada generación “X” signada por el desencanto social y el escepticismo. A propósito de ello, el actual Ministro de Educación, Ciencia y Tecnología sostiene: “que esa sensación de incertidumbre marca la diferencia entre los jóvenes de ayer y hoy. En los ochenta, uno sabía que tenía un camino por recorrer y que había posibilidades de desarrollarse a partir del estudio o el trabajo. Hoy, en cambio, un joven puede estudiar, hacer mérito, terminar la universidad y estar desocupado”.

Ahora bien, además de “informarnos”, reflexionemos que para ello fuimos formados y preguntémonos lo siguiente: el problema, ¿existe? , ¿Desde cuando?, Y si existe, ¿existe en la dimensión con la que es tratado por los medios? , solo los docentes podemos responder éstos interrogantes porque somos nosotros los que estamos cotidianamente con nuestros alumnos y conocemos sus historias. No dejemos por ello que los medios nos marquen la agenda educativa. Que no nos pase lo del esclavo platónico en la alegoría de la caverna y que solo consideremos como real lo que marcan ellos.

Ante esto es pertinente recordar que la escuela o el colegio, es por sobre todas las cosas una institución social, y como en toda institución convergen en ella diferentes intereses, no siempre coincidentes, es más, hasta contrarios y cuando se exacerban esas diferencias o cuando se desconocen, generalmente se producen situaciones de conflictos.

Los conflictos, son inherentes a la condición humana y a sus organizaciones, por ello es que la conflictiva situación debe ser considerada como una oportunidad en donde la comunidad educativa pueda optar por asumir una postura crítica y de revisión de su accionar, contemplando mecanismos de tratamientos institucionales.

Lo peor que nos puede suceder es posicionarnos en una actitud de desconocimiento o desplazamiento de conflictos lo que denotaría una situación de “enfermedad” institucional. Solo nuestro compromiso profesional y humano contribuirá a mejorar la situación . Nuestros alumnos nos necesitan. Manos a la Obra.

(#) Secretario General de los docentes privados de la ciudad de Buenos Aires

 
 
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