Tiempos de Ira

En esta nota , el pretigioso prof Joaquin Rocha nos describe y explica como afecta y de que manera se puede morigerar los estados de ira para mejorar las relaciones interpersonales -
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Tiempos de Ira

(#)por Joaquín Rocha

Psicólogo Especialista en Educación para la Comunicación joacorocha05@yahoo.com.ar

Vivimos tiempos de ira. Una excesiva presión social, la competitividad, la injusticia, la falta de seguridad, hacen que los individuos pongan en marcha respuestas ancestrales cargadas de intensidad emocional.

Bronca cuando ríen satisfechos, al haber comprado sus derechos. Bronca cuando se hacen moralistas, y entran a correr a los artistas. Bronca cuando a plena luz del día, sacan a pasear su hipocresía. Bronca de la brava, de la mía. Bronca que se puede recitar” [1].

La ira aparece cuando se siente una amenaza ya sea esta real o fantaseada. Los diccionarios de psicología la definen como enojo o enfado a manera de respuesta defensiva cuando sentimos vulnerada nuestra integridad; una reacción provocada por el daño o coerción real o imaginaria.

Como pecado capital, se la considera como el producto de un apetito desordenado de venganza, “Appetitus inordinatus vindictae”. Por lo tanto, para que la ira sea un pecado, es necesario que ese desorden sea contrario a la razón, y de esto se desprende que cabría la posibilidad de una ira “buena y laudable”.

El concepto anterior no se encuentra alejado de la explicación psicológica. La ira, básicamente, es la manifestación violenta de una angustia, un miedo o ansiedad como así también la perdida de control frente a una situación que se quiere o pretende manejar. El sentirse amenazado, en algún punto, hace que se produzca, una descarga paralela de adrenalina en nuestro sistema nervioso que lleva a una excitación generalizada, que puede durar segundos o minutos, incluso días.

Puede estar dirigida una persona específica (un compañero de trabajo, un familiar, un superior) o a un acontecimiento (un viaje cancelado, entorpecimiento del trafico, una resolución económica), o bien, la ira, puede aparecer por problemas personales. Una situación traumática del pasado o que produjo enojo, comúnmente, desencadena esta emoción.

Esta hipersensibilidad difusa puede predisponer a nuevas “broncas” con la misma persona o, indiscriminadamente, contra cualquier otro.

Bronca porque matan con descaro, pero nunca nada queda claro. Bronca por que roba el asaltante, pero también roba el comerciante. Bronca porque está prohibido todo hasta lo que haré de cualquier modo. Bronca porque no se paga fianza, si nos encarcelan la esperanza” [2].

Suele, en algunos casos, aparecer de manera automática y se establece como un hábito de reacción, a menos que se realicen algunas maniobras para apaciguarla y encauzarla de manera proactiva y constructiva. Esto se da en personas cuyo autoconcepto es débil y con una autoestima baja. Cualquier situación los puede hacer sentir menospreciados o desvalorizados para lo cual, la ira, les serviría como mecanismo de defensa ante una posible desadaptación. En este tipo de personalidades, el uso de la ira les acarrea culpa. En otros casos la poca tolerancia a la frustración es la desencadenante.

La ira nos hace comportarnos agresivamente. Somos agresivos cuando no respetamos al otro y no nos comunicamos con él de igual a igual, sino que lo situamos en un escalón por debajo de nosotros. Por regla general, la ira no es conveniente, nos hace daño y rompe la comunicación” (Lic. Rosario Linares). Si bien esto es cierto, suprimir la ira no es del todo sano, ya que este tipo de conducta puede llevar a que, inhibiendo la expresión exterior, se vuelva hacia el interior de una persona provocándole hipertensión o depresión. La ira no expresada degenera en otras conductas patológicas tales como actitudes pasivo-agresivas (venganzas indirectas), hostilidades, críticas y comportamientos cínicos. Todo esto por no enfrentar directamente la situación conflictiva.

La ira, por sí sola, como sublevación ante abusos e injusticias, rara vez logra resolverlos. La puesta en marcha de la ira es imprescindible para buscar una solución y debe estar acompañada por momentos de calma que permitirán pensar cómo encontrar el camino […] Hay veces en que la ira social, siempre y cuando no sea desproporcionada, si enfrenta un abuso o una injusticia, se transforma en una forma de cordura. La ira está relacionada con los fracasos, las frustraciones, los conflictos de cada persona” (Fernando Savater).

No puedo ver tanto desastre organizado sin responder con voz ronca, de bronca, de bronca. Bronca sin fusiles y sin bombas, bronca con los dos dedos en “V”, bronca que también es esperanza. Marcha de la bronca y de la fe” [3].

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