¿Violencia Escolar o Violencia Social?

Considerar que la violencia es solo un fenomeno educativo aislado de lo social nos parece por lo menos un reduccionismo que relativiza el problema .
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¿Violencia Escolar o Violencia Social?

Por Lic. Marcelo Albornoz

Nuevamente aparecen en los medios, escenas de violencia en las escuelas que nos interpelan a todos en general y a los docentes en particular. Estigmatizar a los jóvenes como violentos o circunscribir la violencia al ámbito escolar, es para nosotros un reduccionismo porque consideramos que la violencia escolar no esta disociada de la violencia social.

Recordemos que la escuela es una institución social que en estas últimas décadas ha sufrido una serie de demandas producto de un cambio de época (postmodernidad).

Tampoco perdamos de vista que el tema es complejo y tiene distintas dimensiones y el contexto social es muy importante. Por ello, debemos interrogarnos y preguntarnos si estamos construyendo una matriz socio cultural violenta en donde se ponderan valores que priorizan el Tener en lugar del Ser.

En este sentido, la escuela, contraria a sus orígenes, se ha tornado en un agente social “contracultural” porque a través de sus maestros y profesores trata de promover valores que la sociedad, en algunas circunstancias , no acompaña, como la solidaridad , la cultura del esfuerzo , el respeto por el prójimo y el merito.

Por todo lo descrito, la cuestión requiere de un tratamiento profesional y para ello las ciencias sociales nos brindan distintas herramientas para enfrentar y entender dichas situaciones, en este sentido el enfoque teórico de la desorganización social, considera a éstos problemas como producto del ciclo cambio-desorganización-reorganización.

Esto significa que las alteraciones sociales provocan problemas que tanto las normas como las instituciones no tenían previsto, tornándolas así en ineficaces para el tratamiento de las nuevas problemáticas. Ante ello, la escuela como institución social debe “reorganizarse” y dotar de idoneidad a sus recursos.

Para iniciar la reorganización proponemos lo siguiente:

Humanizar la relación educativa .La función docente debe caracterizarse por una praxis profundamente crítica de sí y del contexto, solo así se darán las condiciones para construir una sociedad justa y democrática. De esta forma las instituciones escolares no omitirán el abordaje de los aspectos políticos, económicos y sociales de la comunidad, posicionándose como un ámbito en donde críticamente se reflexiona y se propician canales de transformación social.

Repensar nuestra práctica y reconocer el fenómeno socioeducativo como multicausal complejo y multidimensional, lo que antes funcionaba ahora no funciona, debiéndose principalmente su obsolescencia al enorme deterioro de lo social porque lo que cambió fue el contexto en donde nos debemos desempeñar signado por la exclusión y violencia social.

Convocar a las familias para que asuman seriamente su rol en el proceso educativo acompañando a la escuela y al docente. Para ello debemos discutir y renovar el mandato social escolar y contemplar la participación de todos los actores.

Reconocer al joven como un sujeto de derechos en proceso de constitución psico sociológica de subjetividades. No olvidemos que en este periodo se consolidan los valores y las conductas ético morales. Ante este marco de violencia sociocultural al que están expuestos nuestros niños y jóvenes, y en muchas oportunidades solos con sus pares, propiciamos retomar nuestro rol de adultos mediadores y orientadores.

Actualizar la curricula de los docentes e incluir en ella tópicos que les permitan aproximarse y conocer las nuevas culturas socio juveniles desde una antropología cultural pluralista porque solo lo que se conoce puede ser abordado, no olvidemos que los docentes fuimos formados para enseñar a jóvenes en un marco de homogeneidad y uniformidad social que ya no existe.

Revitalizar y relanzar los consejos de convivencia sin la nostalgia por las amonestaciones. El consejo no debe limitarse a “juzgar” “indisciplinas” de los alumnos. Por el contrario, debe planificar escenarios sociales hipotéticos y ensayar abordajes. Asimismo debe promover la enseñanza transversal de los valores que se quieren resaltar.

Las alternativas precedentes son solo bosquejos que deben analizarse en el seno de cada institución. Esperamos que este artículo haya contribuido al debate que nos merecemos.

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