Antes de Enseñar a Aprender

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Antes de enseñar a aprender

***() Prof. Flavio Cuoco

Hace unos días tuve la oportunidad de abordar un texto titulado “A propósito de enseñar a aprender”, en el que mi colega, el licenciado Marcelo Albornoz, nos ayuda a reflexionar sobre el valor de los procedimientos, “el cómo”; y desde allí, la importancia en nuestra práctica docente de “enseñar a aprender”.

En primer lugar aclaro que comparto la idea de fondo, pero con algunos matices a los que quiero referirme aquí. Existen dos aspectos en dicho texto que se dan por sabidos: el qué y el para qué. Es en esto que difiere mi punto de vista o por lo menos complementa el de mi colega…

¿Qué enseñamos? ¿Para qué enseñamos? Dos interrogantes medulares de la educación. En el qué y en el para qué se ponen en juego el proyecto de país y el rol docente, individual e institucional, que tenemos en esa construcción. Ni más, ni menos.

A mi colega le planteo que creo que son muy pocos los docentes que saben el para qué profundo de su enseñanza y muchos menos los que son conscientes del qué enseñar.

En toda esta cuestión, en primer lugar, creo que hay una ruptura muy importante y casi siempre dejada de lado: el qué, el para qué y el cómo son una unidad que al ser fragmentada, provoca las conocidas dicotomías y contradicciones educativas.

No debería haber salida a esta tríada, rozaría la esquizofrenia pensar un docente de ciencias sociales que boga por la democracia y un país cada vez más plural, y cuyos procedimientos no aceptan diversidad de opiniones; o un docente de matemática que pregone el pensamiento crítico y no trabaje fuertemente en la lectura e interpretación de datos o que deseche el aprendizaje basado en problemas.

El “qué”, tiene que ver con la selección cultural de contenidos, selección que asume unos contenidos en desmedro de otros… La selección cultural es fruto de opciones político – ideológicas.

El “para qué”, a mi entender, es el orientador del “qué” y el “cómo”. Es el horizonte hacia donde nos dirijimos, la utopía que queremos hacer realidad.

Entonces, “qué”, “para qué” y “cómo” materializan el proyecto institucional en y desde el espacio áulico. Nos recuerda Gimeno Sacristán: “La currícula, sobre todo en los niveles de la educación obligatoria, pretende reflejar el esquema socializador, formativo y cultural que tiene la institución escolar”.

Adentrarnos en el proyecto institucional, hace presente una de las facetas más importantes que, a pesar de muchos, no es posible dejar de lado: la dimensión política de la educación, porque pensar en qué enseñamos, para qué y cómo, nos posiciona en el emblemático lugar de qué adultos del futuro deseamos para nuestro país y en definitiva, qué país queremos. Y esto es lo que se juega fuertemente en el proyecto cultural y de socialización que como educadores tenemos para nuestros alumnos, es decir, en el currículum.

Gimeno Sacristán afirma que el currículum “es una opción históricamente configurada (…) cargado de valores y supuestos” por lo que no podemos mirar hacia un costado a la hora de analizar nuestra propia praxis, pero no como proceso meramente individual, como por ejemplo la famosa “autoevaluación” (conocido mecanismo de control impuesto por las corrientes de pensamiento más eficientistas y tecnocráticas que tanto auge tuvieron – y todavía tienen en ciertos círculos – hacia fines de los ochenta y especialmente durante los noventa), sino un proceso de revisión de nuestras prácticas y marcos teóricos con nustros colegas, de manera colectiva, porque, diría Paulo Freire “nadie se educa solo, los hombres nos educamos en comunidad”.

Analizar estas dimensiones nos instala en lugares quizás incómodos, pero imprescindibles para nuestra realidad y nuestro futuro como sociedad.

(*) docente y animador salesiano 

flavioxz@yahoo.com.ar

octubre 2010

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